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Cuando la ansiedad te quita las ganas de comer (y cómo cuidarte en el proceso)

  • Foto del escritor: Iara Martínez de Oliveira
    Iara Martínez de Oliveira
  • 30 ene
  • 4 Min. de lectura

La ansiedad no solo vive en la mente. También se manifiesta en el cuerpo, y uno de los lugares donde más se nota es en la relación con la comida.

Para muchas personas, los estados de ansiedad intensa o sostenida hacen que desaparezca el apetito, comer se vuelva un esfuerzo o incluso genere rechazo.

Esto puede resultar confuso y preocupante, sobre todo en una cultura donde solemos asociar el malestar emocional con comer de más, no con comer de menos.

Este artículo busca ayudarte a entender por qué ocurre, qué señales observar y cómo cuidarte con amabilidad cuando la ansiedad te quita las ganas de comer.

 

¿Por qué la ansiedad puede quitar el apetito?

Cuando estamos ansiosas o ansiosos, el sistema nervioso entra en modo supervivencia.

El cuerpo prioriza funciones básicas para huir, defenderse o mantenerse en alerta, y deja en segundo plano procesos que no son urgentes, como la digestión.

 

Algunos mecanismos frecuentes son:

●      Activación del sistema simpático: se reduce la motilidad gastrointestinal y la sensación de hambre.

●      Tensión corporal: especialmente en mandíbula, garganta, estómago y diafragma, lo que dificulta masticar, tragar o “sentir espacio” para la comida.

●      Náuseas, nudo en el estómago o sensación de llenura temprana.

●      Hipervigilancia mental: la mente está tan ocupada anticipando peligros que no registra las señales corporales de hambre.

No es falta de voluntad ni un problema de autocontrol: es una respuesta neurofisiológica.

 

Señales de alerta a las que prestar atención

Perder el apetito de forma puntual puede ser esperable, pero conviene observar si aparecen:

●      Pérdida de peso involuntaria

●      Cansancio, mareos o debilidad

●      Irritabilidad o mayor sensibilidad emocional

●      Dificultad para concentrarte

●      Evitar situaciones sociales que impliquen comer

 

Estas señales indican que el cuerpo necesita cuidado extra.

 

Cómo cuidarte cuando comer se vuelve difícil

1. Baja la exigencia

No es el momento de “comer perfecto”. Comer algo es mejor que no comer nada. Suelta la idea de platos completos o equilibrados si eso aumenta la presión.


2. Prioriza lo tolerable

Elige alimentos que entren fácil:

- Texturas blandas o líquidas (purés, cremas, yogur, batidos)

- Comidas templadas

- Sabores conocidos y predecibles

A veces el cuerpo puede más con un vaso que con un plato.


3. Come en pequeñas cantidades y con frecuencia

Porciones pequeñas, repartidas a lo largo del día, suelen ser mejor aceptadas que comidas grandes.


4. Regula antes de comer

Antes de sentarte a comer, dedica 1–3 minutos a:

- Respirar lento y profundo

- Relajar conscientemente mandíbula y hombros

- Apoyar los pies en el suelo y notar el contacto

Esto ayuda a pasar del modo alerta al modo digestión.


5. Acompaña el acto de comer

Comer sola/o y en silencio puede intensificar la ansiedad.

Si te ayuda:

- Come con alguien de confianza

- Pon música suave

- Evita pantallas con contenido activante


6. Observa el diálogo interno

Frases como “debería poder comer” o “esto es absurdo” aumentan la tensión.

Sustitúyelas por mensajes más amables: “Ahora mismo esto es lo que mi cuerpo puede. Y está bien.”

 

El abordaje psicoterapéutico puede ayudarte a recuperar la sensación de seguridad interna necesaria para volver a comer con mayor calma.

 

Apéndice: Ansiedad, TOC moral y Altas Capacidades

TOC moral y relación con la comida

En personas con TOC moral, la ansiedad suele estar ligada a un alto sentido de responsabilidad, autoexigencia y miedo a “hacer daño” o “no ser suficientemente buena persona”.

 

Esto puede trasladarse a la alimentación de varias formas:

●      Excesiva vigilancia sobre lo que se come

●      Culpa al comer cuando “no toca” o no se ha cumplido con todo

●      Dificultad para relajarse durante las comidas

●      Pérdida de apetito por sobrecarga mental constante

Aquí, la falta de hambre no siempre viene del cuerpo, sino del agotamiento psíquico que supone estar evaluándose todo el tiempo.


Claves de cuidado:

- Trabajar la flexibilidad moral

- Separar el valor personal de la conducta alimentaria

- Introducir el permiso y la compasión como prácticas activas

 

Altas capacidades, hipersensibilidad y ansiedad

Las personas con altas capacidades suelen presentar:

●      Mayor sensibilidad sensorial

●      Procesamiento cognitivo intenso

●      Tendencia a la sobreestimulación

 

Esto puede hacer que, en estados de ansiedad:

- Las sensaciones corporales se vivan como demasiado intensas

- El acto de comer resulte abrumador

- Se pierda la conexión con señales básicas como el hambre

 

Claves de cuidado:

- Simplificar decisiones alimentarias

- Reducir estímulos durante las comidas

- Validar la necesidad de ritmos propios

- Trabajar la autorregulación desde el cuerpo, no solo desde la mente

 

Si la ansiedad te quita las ganas de comer, no estás fallando: tu sistema nervioso está intentando protegerte.

El camino no pasa por forzarte, sino por crear las condiciones internas y externas para que el cuerpo vuelva a sentirse a salvo.

 

Comer, en este contexto, no es solo nutrirse: es también un acto de cuidado, paciencia y respeto por tu proceso.



 
 
 

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