Sobre el destete y la sensación de rechazo
- Iara Martínez de Oliveira
- hace 5 horas
- 2 Min. de lectura
Querida mamá,
El destete puede ser un momento sensible. A veces ocurre que tu peque deja de pedir la teta y pasa directamente a pedir leche o comida, y en ese gesto puede aparecer en ti una sensación de rechazo que duele, que aprieta el pecho o deja un vacío difícil de nombrar.
Quiero que sepas, antes que nada, que no hay nada malo en sentir esto. No estás haciendo nada mal.
Lo que está ocurriendo no es un rechazo hacia ti. Tu bebé está cambiando su forma de nutrirse y de relacionarse con el mundo. Está creciendo. Y ese movimiento, tan natural para él o ella, puede remover emociones profundas en ti: tristeza, nostalgia, culpa, ambivalencia. Todo eso es humano y comprensible.
El vínculo con tu bebé no se rompe con el destete. El amor no desaparece. La cercanía no se pierde. Solo cambia la forma. Siguen estando las miradas, las caricias, el juego, el tiempo compartido, la voz, el sostén. Hay muchas maneras de seguir estando juntas.
Es posible que una parte de ti se sienta desplazada, no elegida o incluso perdida.
Esa sensación merece ser escuchada, no reprimida.
Vamos a hacerlo desde el cuerpo, con suavidad.
Busca un momento tranquilo. Siéntate cómodamente.
Cierra los ojos un instante y lleva tu atención al cuerpo. Observa dónde sientes esa emoción: quizá en el pecho, en la garganta, en el estómago. No intentes cambiarla. Solo obsérvala con curiosidad. ¿Es presión, calor, vacío, tensión? No hay respuestas correctas.
Ahora acompaña esa sensación con la respiración. Inhala contando hasta cuatro, sostén dos segundos y exhala lentamente contando hasta seis. Con cada exhalación, imagina que la tensión se afloja un poco, que hay más espacio dentro de ti.
Permítete reconocer lo que sientes. Puedes decirte por dentro:“Estoy sintiendo tristeza, estoy sintiendo rechazo, y está bien sentirlo. Esto no significa que mi hijo me rechace. Está aprendiendo a alimentarse de otra manera.”
Deja que el cuerpo se mueva si lo necesita. Puedes balancearte suavemente, abrir y cerrar los brazos, acercarlos al pecho como si te abrazaras. El movimiento ayuda a que la emoción circule y no se quede atrapada.
Ahora, trae a tu mente un momento reciente de conexión con tu peque: una sonrisa, un abrazo, una caricia, una mirada compartida. Siente en el cuerpo que ese vínculo sigue vivo. La forma cambia, pero el lazo permanece.
Este ejercicio puedes repetirlo cada vez que aparezca la sensación de rechazo o tristeza.
No busca eliminarla, sino sostenerla y darle un lugar.
En lo cotidiano, date permiso para ir despacio.
Dale tiempo a tu bebé para explorar nuevas formas de comer, sin forzar.
Mantén el contacto físico: abrazos, juegos, caricias. Háblale, aunque aún no entienda las palabras: “Aunque no tomes la teta, sigo aquí y te quiero”. Tu voz y tu presencia siguen siendo alimento emocional.
También puede ayudarte escribir. Un diario breve donde pongas lo que sientes, sin filtros, sin corregirte. Nombrar lo que pasa por dentro suele aliviar y ordenar.
Recuerda esto: el destete es una transición, no una pérdida. Puedes sentir tristeza y, al mismo tiempo, disfrutar del crecimiento de tu hijo o hija. Ambas cosas pueden convivir.
Cada gesto de amor sigue contando, aunque la forma de darlo cambie.
Y tú también mereces cuidado en este proceso.




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