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Haz lo que te salga de la... teta Cuando la crianza de los demás parece ser un asunto público

  • Foto del escritor: Iara Martínez de Oliveira
    Iara Martínez de Oliveira
  • 17 jun
  • 3 min de lectura

Mi hijo tiene 3 años y sigue tomando teta.

Y aunque para nosotros es algo cotidiano, para muchas personas parece convertirse en un tema de debate.

A lo largo de estos años he escuchado comentarios de todo tipo:

"¿Todavía?"

"Eso ya no alimenta."

"Lo haces porque no quieres soltarlo."

"Así nunca será independiente."

Y cada comentario lleva implícita la misma idea: que existe una única forma correcta de criar y que alguien desde fuera puede decidir cuál es (normalmente según su experiencia vital).


La realidad es bastante diferente.

La lactancia no tiene una fecha de caducidad universal


Estamos acostumbrados a pensar que hay edades concretas para todo: cuándo caminar, cuándo hablar, cuándo dejar el pañal o cuándo dejar el pecho.


Sin embargo, el desarrollo infantil no funciona como un calendario perfectamente organizado.

Cada niño tiene sus propios ritmos y cada familia sus propias circunstancias.


Las principales organizaciones de salud recomiendan mantener la lactancia materna durante al menos los dos primeros años y continuar después mientras madre e hijo lo deseen.


Es decir, la pregunta no debería ser "¿hasta cuándo es normal dar el pecho?", sino "¿cómo está funcionando esta experiencia para esta familia concreta?".

Porque no todas las lactancias son iguales.


Más allá de la alimentación

Cuando hablamos de lactancia solemos centrarnos en la nutrición, pero para muchos niños el pecho también es refugio, regulación emocional, conexión y seguridad.

Después de una caída, cuando están enfermos, cuando tienen miedo o están nerviosos, cuando necesitan volver a sentirse cerca...


Del mismo modo que un adulto busca un abrazo, una conversación o la presencia de alguien querido cuando se siente vulnerable, muchos niños pequeños encuentran en la lactancia una forma de regular su sistema nervioso.


Y eso no significa que sean dependientes de una forma dañina.

Significa que están utilizando un recurso relacional para sentirse seguros, se coregulan a través de ese contacto.

La dependencia saludable es precisamente lo que permite desarrollar autonomía más adelante.

Lo que realmente pesa: las opiniones

Muchas madres no dejan la lactancia porque quieran hacerlo.

La dejan porque están cansadas de justificarse.

Porque sienten miradas incómodas.

Porque reciben críticas constantes.

Porque se cuestionan a sí mismas después de escuchar durante meses que están haciendo algo incorrecto.


Y esto es especialmente doloroso porque la maternidad ya viene cargada de suficientes dudas como para añadir también el juicio social.


Parece que cualquier decisión será criticada.

Si das pecho mucho tiempo, porque das demasiado.

Si lo dejas pronto, porque lo has dejado demasiado pronto.

Si trabajas, porque trabajas.

Si no trabajas, porque no trabajas.


La cuestión rara vez es la lactancia.

La cuestión es que las mujeres siguen recibiendo el mensaje de que deben justificar constantemente sus decisiones.


Escuchar más hacia dentro y menos hacia fuera

No todas las madres quieren mantener una lactancia prolongada.

Y eso también está bien.

Algunas sienten que ha llegado el momento de cerrar esa etapa.

Otras continúan porque les resulta natural y satisfactorio.

Ninguna opción es superior a la otra.

La pregunta importante no es qué haría otra persona.

La pregunta es: ¿Qué necesitamos nosotros?

Porque la crianza respetuosa no consiste en seguir normas rígidas.

Consiste en observar a nuestros hijos, escucharnos a nosotros mismos y tomar decisiones coherentes con nuestra realidad.


Haz lo que te salga de la teta

Si has decidido seguir dando el pecho a tu hijo de 3 años, no necesitas justificarte.

Si has decidido destetar antes, tampoco.

La maternidad está llena de opiniones ajenas, muchas veces bien intencionadas y otras no tanto.


Pero quienes viven las noches, los abrazos, los llantos, las enfermedades, las risas y los momentos de conexión sois vosotros.


Y esa experiencia vale más que cualquier comentario externo.


Por eso, cuando empiecen los juicios, las preguntas incómodas o las recomendaciones no solicitadas, quizá puedas recordarte algo muy sencillo: Haz lo que te salga de la teta.


Porque criar desde la conexión siempre tendrá más sentido que criar desde el miedo al qué dirán.



 
 
 

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