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Memento Mori: si un día vas a morir… ¿para qué haces lo que haces?

  • Foto del escritor: Iara Martínez de Oliveira
    Iara Martínez de Oliveira
  • hace 1 día
  • 3 min de lectura

Vivimos como si el tiempo fuera infinito.


Posponemos conversaciones importantes, Retrasamos proyectos que nos ilusionan. Aguantamos trabajos que nos desgastan, permanecemos en relaciones que hace tiempo dejaron de nutrirnos, nos preocupamos durante horas por cosas que, dentro de unos años, probablemente ni recordaremos...


Y, sin embargo, existe una idea antigua, sencilla y profundamente transformadora: Memento Mori.


Literalmente significa "recuerda que vas a morir".


A primera vista puede parecer una frase oscura o pesimista.

Pero en realidad es una invitación a justo lo contrario.

No pretende obsesionarnos con la muerte, sino despertarnos a la vida.


Porque cuando recordamos que nuestro tiempo es limitado, cambia la pregunta.


Dejamos de preguntarnos:

"¿Qué esperan los demás de mí?"

"¿Qué debería hacer?"

"¿Cómo puedo evitar equivocarme?"


Y empezamos a preguntarnos ¿Para qué estoy haciendo todo esto?


La muerte como brújula

La mayoría de las personas viven guiadas por objetivos.

Conseguir un trabajo.

Comprar una casa.

Tener estabilidad.

Ahorrar.

Ascender.


Pero pocas se detienen a preguntarse por el propósito que sostiene esos objetivos.


Los objetivos cambian. El propósito permanece.


Cuando olvidamos que la vida tiene un final, es fácil caer en el piloto automático.


Hacemos cosas porque siempre las hemos hecho, porque otros las esperan o porque parecen ser las "correctas".


Pero imaginar que el tiempo no es infinito obliga a hacer una selección.


Si solo quedaran unos años…

¿Seguirías invirtiendo tanta energía en impresionar a otros?

¿Seguirías diciendo que sí a todo?

¿Seguirías sacrificando constantemente aquello que te hace sentir vivo?


El verdadero legado

Cuando hablamos de legado solemos pensar en grandes logros.

Escribir un libro.

Crear una empresa.

Descubrir algo importante.


Pero el legado rara vez tiene que ver con la fama.


Nuestro legado también está hecho de conversaciones.

De abrazos.

De cómo tratamos a quienes queremos.

De la tranquilidad que transmitimos.

De la seguridad que ayudamos a construir en un hijo.

De la confianza que sembramos en un paciente.

De la persona en la que ayudamos a convertirse a alguien.


Muchas personas nunca serán recordadas por la historia.

Pero serán inolvidables para quienes compartieron su vida con ellas.


Y quizá ese sea el legado más importante.


El propósito no siempre se encuentra. También se construye.


Existe una idea muy extendida de que cada persona tiene un gran propósito escondido esperando a ser descubierto.

Como si hubiera una única respuesta correcta, y eso genera mucha ansiedad.

La realidad es mucho más liberadora. El propósito no suele aparecer como una revelación, se construye.


Se va definiendo a partir de aquello que una y otra vez nos mueve.

De los valores que elegimos, de las causas que decidimos cuidar, del tipo de persona que queremos ser incluso cuando nadie nos observa, ...


No se trata tanto de preguntarse "¿Cuál es mi propósito?"

Como de preguntarse "¿Qué clase de vida quiero haber vivido cuando mire hacia atrás?"


El "para qué" protege mejor que el "por qué"


En consulta muchas personas llegan buscando respuestas al por qué.

¿Por qué me pasa esto?

¿Por qué soy así?

¿Por qué reacciono de esta manera?


Comprender nuestra historia es importante.


Pero hay una pregunta que suele resultar todavía más transformadora

¿Para qué quiero hacer este cambio?

Porque el "para qué" orienta. Da dirección, da foco, esperanza, y permite soportar el esfuerzo.


Las personas soportamos mucho mejor el dolor cuando ese dolor tiene sentido.

Levantarte temprano, estudiar, entrenar, poner límites, ir a terapia, atravesar un duelo, no reaccionar de forma automática e ir haciéndome consciente y responsabilizándome de mis acciones... Todo cambia cuando existe un propósito que merece ese esfuerzo.


Una pequeña práctica

Imagina que dentro de muchos años alguien tiene que describirte en tres frases.

No podrá hablar de cuánto dinero ganabas.

Ni de cuántos seguidores tenías.

Ni de cuántas tareas terminabas cada día.

Solo podrá hablar de cómo era estar contigo.

¿Qué te gustaría que dijera?


Quizá esa respuesta contenga mucha más información sobre tu propósito que cualquier test de personalidad.


Vivir recordando que el tiempo importa

Recordar la muerte no es renunciar al futuro.


Es dejar de vivir como si hubiera infinitas oportunidades para empezar.

No significa hacer cosas extraordinarias cada día.


Significa intentar que las cosas ordinarias respondan a aquello que realmente te importa a ti.


Quizá nunca podamos controlar cuánto tiempo tendremos.


Pero sí podemos decidir qué hacemos con el tiempo que hoy sí existe.


Porque, al final, Memento Mori no es una invitación a pensar en la muerte.

Es una invitación a dejar de aplazar la vida.


Pregúntate hoy ¿Para qué hago lo que hago?
Y después pregúntate algo todavía más importante¿Estoy construyendo una vida de la que me sentiría orgulloso si supiera que el tiempo no es infinito?

Tal vez esa sea una de las preguntas más valiosas que podemos hacernos.



 
 
 

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