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Eclipse: una guía para un ejercicio simbólico con la sombra

  • Foto del escritor: Iara Martínez de Oliveira
    Iara Martínez de Oliveira
  • hace 16 horas
  • 2 min de lectura

Un eclipse puede convertirse en una imagen simbólica para detenernos y mirar hacia dentro.


La luz desaparece momentáneamente y aquello que normalmente queda oculto adquiere presencia.

Podemos utilizar esa imagen como una invitación a explorar nuestra propia relación con la sombra: esas partes de nosotras que quizá no mostramos, que evitamos, que todavía no comprendemos o que necesitan ser reconocidas.


No se trata de atribuir al eclipse un poder mágico ni de esperar que produzca cambios por sí mismo. Se trata de utilizar lo que ocurre en el cielo como un espejo para nuestro mundo interno.


Antes de comenzar

Busca un lugar tranquilo donde puedas estar unos minutos sin interrupciones.

Puedes tener cerca un cuaderno y algo con lo que escribir.


Si lo deseas, realiza el ejercicio durante el eclipse o en cualquier otro momento del día.


Lo importante no es el momento exacto, sino la disposición interna con la que lo haces.


Si en algún momento aparece demasiado malestar, detente, abre los ojos y vuelve a sentir el contacto de tus pies con el suelo y de tu cuerpo con el lugar en el que estás.


Lleva la atención al cuerpo

Siéntate cómodamente.

Cierra los ojos y observa tu respiración sin intentar modificarla.


Recorre lentamente tu cuerpo y pregúntate:

¿Qué está presente en mí ahora mismo?

No busques una respuesta mental. Observa sensaciones, emociones, tensión, movimiento, vacío, calor o cualquier otra percepción.

Permite que el cuerpo sea el primer lugar desde el que escuchar.


Acércate simbólicamente a la sombra

Ahora puedes preguntarte:

¿Qué parte de mí está pidiendo ser reconocida?

Quizá aparezca una emoción, una necesidad, un deseo, un miedo o una situación que has estado evitando.


No necesitas analizarla. Simplemente observa qué sucede cuando le das un espacio.

Después pregúntate:

¿Qué estoy preparada para soltar?

Y finalmente:

¿Qué necesita espacio para poder emerger?

Quédate unos instantes escuchando.


No intentes cambiar nada

Una parte importante del ejercicio consiste precisamente en no intervenir inmediatamente.


La sombra no siempre es algo que tengamos que eliminar o transformar.

A veces necesita, antes que nada, ser mirada con presencia.


Puedes colocar una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen.

Respira y permanece unos momentos junto a aquello que haya aparecido.

Sin exigirte respuestas.

Sin buscar conclusiones.

Solo estando.


Para cerrar

Cuando sientas que es suficiente, abre los ojos lentamente.

Escribe unas palabras sobre lo que has experimentado. No hace falta que sea un relato ordenado.

Pueden ser sensaciones, imágenes, frases o incluso un dibujo.


Para terminar, completa esta frase:

«Hoy reconozco en mí…»

Y después:

«Quiero hacer espacio para…»

El sentido del ejercicio no está en encontrar una respuesta perfecta.

Está en permitirnos escuchar aquello que, en medio del ruido cotidiano, quizá no encuentra espacio para ser escuchado.


A veces necesitamos atravesar simbólicamente un momento de oscuridad para poder reconocer qué necesita volver a recibir nuestra luz.


Este ejercicio es una propuesta de exploración personal y no sustituye un proceso psicoterapéutico. Si aparece un contenido emocional intenso, es recomendable realizar este tipo de trabajo acompañado por un profesional.



 
 
 

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